Harfor. El recopilatorio

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Os presento el inesperadísimo cómic recopilatorio “Harfor The Designer”. Una joya de la absurdez que pocos querrán tener en sus bibliotecas, pero que era absolutamente necesaria su creación. Llevaba ya tiempo deseando hacer esto. Un pedacito de mi historia, de mis ilusiones, de lo mal que estoy de la cabeza a veces.

Ahora os voy a contar un poco mi vida aunque no os importe un ojal. La mayor parte de mi infancia la pasé queriendo ser veterinaria, por mi loca pasión hacia los animales y mi frustración de no poder tener mascota en casa, pero por desgracia las ciencias no eran lo mio. De pre-adolescente descubrí el mundo del manga y el anime, mi latente vena friki explotó, y desde entonces quise ser mangaka, pero de nuevo sabía que mi talento para el dibujo no era tan grande cómo para convertirme en la afamada dibujante de cómics a nivel mundial que me hubiera gustado ser. Al final acabé convirtiéndome en una diseñadora gráfica que crea historias absurdas y vive una vida absurda, cómo todo el mundo, porque “la vida es una decepción tras otra hasta que acabas deseando que se muera Flanders”, y al final de la película mueren todos, eso es así, así que, aunque no me den de comer, seguiré haciendo las cosas que me gustan, junto a las personas-gatos que me gustan, porque al fin y al cabo siempre serán ellos mi motor y mi ilusión.

Ale, ahora a comprarme el cómic. Besitos de Hamor.

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Buen Camino

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Esta semana terminé mi proyecto de cómic. Ha sido muy terapéutico. Aunque se trata de una historia muy sencilla, es una de las experiencias personales más bonitas que he tenido en mi vida, junto a la persona más bonita que he conocido en mi vida (ese es Marcos).

A veces creo que el ser humano debería extinguirse, pero otras veces aparece gente como Steven y me animan a seguir creyendo que no somos unos seres tan mediocres, que a veces sabemos ser buenos, sin segundas intenciones ni egoísmos. Y no sólo cuando hemos tenido un buen día, si no también, en esos días malos en los que sólo deseas llegar a casa y agazaparte en un rincón.

Aquí os dejo el enlace al cómic. Espero que os guste 🙂

Harfor Letter

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100_7176El pasado Abril fue el cumpleaños de mi amigo y socio Alber, fue un cumple de esos en los que cambias de dígito, así que pensé en hacerle algo especial. Ya llevaba tiempo queriendo hacer algún juego de Harfor, y mi socio me habló de Love Letter, un juego de cartas sencillo e ideal para re-diseñar. El original trata de un grupo de peña (de época victoriana) que intenta hacerse con el amor de la princesa. La versión Harfor Letter es similar, sólo que todos (los personajes principales y más molones de Harfor the Designer) tratan de ganarse el amor del príncipe Harfor, todo en plan absurdo, como debe ser.

Me quedo satisfecha con mi obra y… bueno, me voy a comer que así no puedo pensar y mi gata me está diciendo algo en plan “cambia la arena de una vez, so guarra!” pero con mucho amor.

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El Rastro Ámbar

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Me gusta dejar por escrito los sueños interesantes que consigo recordar porque, entre otras cosas, creo que son muy valiosos para dar rienda suelta a la creatividad. Está claro que probar cosas distintas es lo mejor para mantener la motivación, ya me lo decía uno de mis profesores, y aunque no me lo dijera, con la experiencia una se va dando cuenta de que hacer siempre lo mismo es un poco deprimente y corres el riesgo de volverte loquer. Así que me decidí por hacer un cuento basado en uno de mis sueños. Por supuesto, hice una adaptación autorizada para menores, porque el sueño original es bastante bizarro. Como resultado creé un cuento infantil, un pelín tenebroso, con su final moñas y sus correspondientes moralejas.

Si os place, podéis adquirirlo de forma despreocupada en Bubok, tanto en formato digital como impreso.

Cámara Pinhole. 1º intento

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Hace un tiempo monté una cámara Pinhole de cartón que me regaló Marcos. Para quien no sepa qué es una cámara Pinhole o cámara estenopeica, se trata de una cámara fotográfica, pero más rudimentaria, ya que normalmente están hechas a mano por los fotógrafos.

Pues bien, me decidí a probarla poniéndole un carrete de 36 fotos en color, pero supongo que era mucho pedir que me salieran bien a la primera y se me quedó esta cara. La mayoría salieron quemadas, solo se han salvado dos que han salido bastante decentes, aunque son prácticamente iguales, y una que se distingue algo en el negativo pero me insistieron en que no se vería nada al revelarla, así que al final me he quedado con las ganas. Seguí las instrucciones que venían con la cámara dejando el tiempo de exposición que me recomendaban para cada momento… pero nada, a la próxima lo haré de forma intuitiva a ver que pasa.